Acrílico-óleo sobre lienzo
1.60x100 2.016
Ataviadas con coloridos ropajes y encerrados en Cristalinas esferas, son lanzadas con sus juegos por niños en las aceras.
Son pequeñas colecciones de unos juegos olvidados que nos vienen a la mente acercándonos al pasado.
Estelas ondulantes al movimiento cambiantes, tesoros de niños grandes tán distintos por el tiempo transcurrido como marcado el recuerdo de aquellos juegos sencillos, con los que crecimos antes.
Y en un techo vestido de estrellas una blanca esfera suspira y entre juegos las observa, celosa de sus matices la invitan a rodar desde su alteza, silencios de Luna que anhela los verdes valles, azules de ultramar y amaneceres violeta, y solo al llegar la noche nos deslumbra su presencia , escuchamos sus lamentos que el espejo del mar refleja, sin saber que desde el suelo y por su desnuda silueta elevamos suspiros al contemplar su belleza.
Son pequeñas colecciones de unos juegos olvidados que nos vienen a la mente acercándonos al pasado.
Estelas ondulantes al movimiento cambiantes, tesoros de niños grandes tán distintos por el tiempo transcurrido como marcado el recuerdo de aquellos juegos sencillos, con los que crecimos antes.
Y en un techo vestido de estrellas una blanca esfera suspira y entre juegos las observa, celosa de sus matices la invitan a rodar desde su alteza, silencios de Luna que anhela los verdes valles, azules de ultramar y amaneceres violeta, y solo al llegar la noche nos deslumbra su presencia , escuchamos sus lamentos que el espejo del mar refleja, sin saber que desde el suelo y por su desnuda silueta elevamos suspiros al contemplar su belleza.
Santi García Cánovas.

